Me cuesta creerlo – Diario Siglo XXI

Alvaro Calleja_peq Por Álvaro Calleja

Normalmente, cada ocasión en la que el calendario señala más allá del mes de septiembre, los temas de los que hablar en el ciclismo reducen considerablemente. Es complicada la misión de encontrar una o varias noticias de las que opinar y que el lector no destruya el teclado con la cabeza al caer derrotado en su pelea por no quedarse dormido. Este año, para no variar, la situación es parecida.SigloXXI

Más allá de descubrir los calendarios de las tres grandes rondas y entretenerse analizando los perfiles de las etapas en las que el vencedor puede tener nombre y apellidos, la noticia más importante la protagoniza el mejor corredor del mundo en, precisamente, ese tipo de carreras.

Y ese corredor no es otro que Alberto Contador, quien aún no sabe los colores que tendrá que defender durante el 2010. Todo indicaba que el madrileño abandonaría Astana para formar parte del Caisse d´Epargne, el Liquigas, el Garmin o el Quick-Step, los conjuntos que más interés han mostrado por conseguir sus servicios, o de un nuevo proyecto liderado por Fernando Alonso, una idea tan fascinante como complicada y descartada en un 100% para esta nueva temporada, pero la opción por la que nadie apostaba hace unas semanas, la de quedarse en el Astana, va tomando forma.

Tomando forma porque los días pasan y no hay indicio alguno que haga pensar que Contador se vaya a mover, más si cabe cuando desde la Federación de Ciclismo de Kazajistán hacen saber todo lo contrario por voz de su presidente, el señor Nikolai Proskurin. Un hecho que me ha confirmado alguien muy cercano del entorno del propio ciclista. Contra todo pronóstico, Astana, o Samruk-Kazyna, como se llamará a partir de ahora el conjunto kazajo, tiene muchas posibilidades de tener, otro año más, a Alberto en sus filas.

Artículo publicado en el Diario Siglo XXI

Frank Vandenbroucke, un ciclista que nunca alcanzó su cima – Diario Siglo XXI

Alvaro Calleja_peq Por Álvaro Calleja

VDB cerró el libro de su vida el pasado lunes día 12 de octubre. Una vida que ha tenido el perfil de una etapa reina, la cual culminó con una embolia pulmonar en Senegal. Una vida que no tuvo ningún momento tranquilo, ninguna época de descanso. Frank Vandenbroucke pertenecía a esa especie de deportistas que tienen el mismo nivel de clase y de locura, de talento y de inconsciencia. Aquel joven que deslumbró en el 99 escribió la última página del capítulo final cuando todo indicaba que, por fin, su vida tomaba un camino que nunca debió abandonar.SigloXXI

camino del deportista que practica su deporte de una manera sana. El Fuji-Servetto de Matxin parecía su destino para la próxima temporada. Un destino que ya nunca alcanzará. Quería retomar su carrera. Una carrera que echó por tierra en su mejor año, hace una década. Al mismo ritmo que sumaba logros en su palmarés, sus problemas con el alcohol, las drogas o el dopaje le llevaban directo a la autodestrucción. Un ciclista que ha muerto sin que nadie conozca su tope. Sin que nadie entienda lo que pasó por su cabeza para acabar de la forma que lo ha hecho. Un final inevitable.

Fran VandenbrouckeTan inevitable como extraño. Extraño porque en Mendrisio, en el Mundial de Cadel Evans, el belga avisó que esta vez sí que estaba recuperado, que quería e iba a volver a subirse en una bicicleta para competir. Un día que ya no llegará.

No llegará de la misma forma que a mí hoy no me llega la energía ni casi para finalizar este artículo. Mientras escribo sobre la vida de Frank Vandenbroucke me entero por el Facebook de que Andrés Montes también nos deja. Que descanse en paz. Que descansen en paz.

Artículo publicado en el Diario Siglo XXI

La historia se repite – Diario Siglo XXI

Alvaro Calleja_peq Por Álvaro Calleja

Alberto Contador, otro año más, no puede tomarse un merecido descanso total en sus vacaciones. Si Armstrong fue el motivo que el año pasado no le hizo desconectar del ciclismo, en esta ocasión el problema es mucho mayor, pues el madrileño aún no sabe los colores que vestirá la temporada que viene.SigloXXI

El de Pinto quiere salir de un Astana que Lance Armstrong está desmantelando. Chris Horner, Levi Leipheimer, Andreas Klöden, Haimar Zubeldia o Yaroslav Popovych, por citar sólo a alguno de los nombres más importantes, ya han comprado su billete para desembarcar en el RadioShack. Un Astana que con la presencia de Vinokourov pierde muchas papeletas para disputar el Tour de Francia. Una situación que Contador quiere evitar de cualquier manera.

Para ello, su hermano Fran lleva un tiempo negociando con distintos equipos. Uno de los que más se han interesado por el vencedor de las tres grandes es el Caisse d´Epargne, que recientemente ha anunciado que su plantilla está cerrada a falta de uno o dos fichajes. Una gran opción para Alberto si no fuera porque la escuadra navarra cuenta en sus filas con un Alejandro Valverde que, lanzado tras su triunfo en la Vuelta, quiere repetir hazaña en la ronda gala.

La historia se repiteQuick-Step o Liquigas, entre otros, también han mostrado interés por el mejor corredor del mundo en vueltas de tres semanas. Cada vez queda menos para la nueva temporada y la cuenta atrás para descubrir cuál será la equipación que lucirá Contador ya está en marcha.

Artículo publicado en el Diario Siglo XXI

Entrevista a Eduardo Chozas – Diario Siglo XXI

Alvaro Calleja_peq Por Álvaro Calleja

“Es bonito ejercer de periodista con sentimientos de ciclista”

Eduardo Chozas, ciclista retirado29092009030

Siglo XXI tuvo el placer de pasar una tarde con Eduardo Chozas (05-07-1960) en su casa de Pozuelo de Alarcón, donde se respira ciclismo por cada esquina. Repasamos junto al corredor madrileño, vencedor de cuatro etapas en el Tour de Francia y tres en el Giro de Italia, su carrera deportiva desde los inicios hasta la retirada. También hubo tiempo para conocer como vive el deporte de los pedales desde el otro lado, desde la cabina de comentarista en Eurosport y desde la redacción de la revista Ciclismo a Fondo, de la que forma parte como director técnico. Dos labores que no son las únicas que mantienen ocupado al legendario escalador, pues, como él mismo explica, organiza el circuito de MTB Actívate y campus en diferentes lugares a lo largo del año.

Tampocó se olvidó de la actual situación del ciclismo español, el cual, según él, en su época era más sano, aunque, en cuanto a resultados, está pasando por la etapa más brillante de la historia.

Álvaro Calleja / Siglo XXI

¿Qué recuerdos guardas de tus inicios en el ciclismo?

Recuerdos muy bonitos, porque tenía 11 años cuando empecé a competir en mi primera carrera y lo hice como un juego, una aventura, algo bonito. Te ponías nervioso en las salidas, por hacerlo bien, pero, de todas formas, tampoco con objetivo alguno en ese momento. Unos amigos jugaban al fútbol, otros corríamos en bicicleta, aunque yo también jugaba al fútbol, al baloncesto o al balonmano, pero el ciclismo era más bonito. Más bonito, sobre todo, por viajar. Cuando ya era un poco más mayor y salía de Madrid, en cadete, que entonces se llamaba juvenil “b”, y en junior, que era juvenil “a”, íbamos, por ejemplo, al País Vasco, a Cataluña… era una aventura inenarable. En cambio, luego, cuando ya eres profesional, acabas harto de viajar, pero en aquella época era muy bonito.


“Mi primer Mundial fue el más duro de la historia”


Debutaste muy pronto en el campo profesional, con tan sólo 19 años. Además, debutaste protagonizando grandes actuaciones. ¿Cómo se produjo ese salto desde las categorías inferiores?

Fue en 1980 y tenía 19 años, que yo creo que hemos sido muy pocos los que hemos debutado con esa edad. Entre ellos, Miguel Indurain, que corrió el Tour del Porvenir, aunque no estuvo integramente ese año, Jesús Blanco Villar, el gallego, y ya no sé de más corredores. Pero, claro, el ciclismo de finales de la década de los 70 no era como el de ahora. Había cuatro, cinco o seis equipos muy pequeñitos. Uno de ellos era el Zor de Javier Mínguez, el Fosforera, que era el que le patrocinaba porque el mechero, que se llamaba Zor, todavía no estaba en el mercado y, por ello, al principio nos llamábamos Fosforera y después Zor. Éramos catorce corredores y se firmaba de año en año. También los equipos los negociaban de año en año.

Javier Mínguez, que había estado de director en el Moliner-Vereco amateur y había comenzado el año anterior con el profesionalismo, me fichó para ese equipo, en el que estaban también Pedro Delgado, Rodríguez Magro, Ángel Camarillo, Cabrero… gente muy buena, casi todos fuimos profesionales. Javier me vio en alguna carrera y, de eso que vas tirando del carro, trabajando y llegando delante, dijo que me quería para su equipo. Yo tenía que hacer la mili y esa era la única sombra de duda, pero la realicé dos años más tarde de estar en profesionales. Además, yo también quería estudiar porque pensaba que con mis padres, que eran dueños de un29092009032a frutería, seguro que iba a vivir mejor que de ciclista, pero al final me lancé porque me gustaba. Ahí hice un parénteis y el primer año me salió bien. Gané una etapa en la Vuelta a Alemania con la selección española, que era una carrera que hacíamos antes del Mundial, que fue en Sallanches (Francia). Ramón Mendiburu, el seleccionador, me metió en la convocatoria al ganar una etapa con 20 años recién cumplidos. Para colmo, me llevó al Mundial más duro de la historia (risas), en el que ganó Hinault reventando a Baronchelli, que le aguantó a rueda sin darle un relevo, y en el que finalizaron solo catorce ciclistas. Fue un debut duro, pero, aun así, yo estaba muy contento.

¿Hubo alguna persona clave para que Eduardo Chozas comenzara su carrera como profesional en 1980?

Sí, Javier Mínguez. También hubo una persona clave para que yo fuese ciclista, que es el amigo de la familia, Pepe “El Carnicero”, que había sido ciclista y que fue muy importante porque en mi familia no había tradición de ciclismo. Mi padre, “El Frutero” y Pepe, “El Carnicero” (risas). El fue quien me asesoró, vio que este deporte me gustaba mucho porque siempre estaba por las aceras haciendo cronos con mis amigos del barrio y me preguntó que si quería correr, a lo que le contesté que sí. Por lo que, para mí, fue clave. Si no es por él yo no hubiera sabido como ser ciclista. Incluso, en los primeros años, él me llevaba a las carreras. Y, como ya he dicho, Javier Mínguez para pasar a profesionales.


“A la Vuelta a España siempre le han faltado esas jornadas de altísima montaña, de llegar al límite”


En tu palmarés aparecen etapas en el Giro de Italia y en el Tour de Francia. ¿No te quedó la espina de vencer en la Vuelta?

Sí, la verdad es que sí. No sé por qué no he conseguido ganar ninguna etapa en la Vuelta a España, la que, sin embargo, he corrido catorce veces, que han sido bastantes. Hice sexto en la general en el año que ganó Hinault, aquel 83 en el que reventó a Julián Gorospe en la histórica etapa de Serranillos. A la Vuelta le han faltado siempre esas jornadas que tienen el Giro y el Tour de altísima montaña, de llegar al límite, y ahí es donde mi organismo, mi forma de correr, las hacía fáciles sin querer. Gané tres en el Giro y cuatro en el Tour, siempre en alta montaña. Mi organismo ha sido muy resistente y, quizá, la Vuelta no ha sido tan exigente como son estas dos carreras, aunque, por supuesto, para mí más difícil, como se ha demostrado (risas).

Precisamente, la Vuelta es la grande que más te ha visto en su recorrido. ¿Con qué año te quedas de tus catorce participaciones?

Yo creo que con la primera. La 29092009033primera porque es la primera y porque, encima, ganó Faustino Rupérez, que estaba en el Zor. Era mi primer año, me llevaron a la Vuelta a España y cogió el líder un compañero faltando dos semanas para acabar, por lo que me tocó tirar de salida y trabajar con Ladrón de Guevara desde el kilómetro 0, en el que atacaba todo el mundo y tú ya estabas ahí poniendo ritmo. Eso para un chico de 19 años, 21 días de carrera y 15 así, pues imaginaté, me ayudó a aprender el oficio. Ganamos una Vuelta que nos costó muchísimo y que casi se pierde aquí, en la Sierra de Madrid.

Me quedo con esa, aunque todas han tenido algo especial. Para los ciclistas españoles y para los equipos españoles era la carrera en la que más se tenía que rendir. Particularmente, yo no rendía como en las otras dos grandes y salvo en tres o cuatro ediciones que han sido duras, de calor, de Pirineos, no he encontrado el terreno más apropiado para mí.

Con 23 años ganaste una etapa en el Giro. ¿Qué recuerdos te trae la primera gran victoria como profesional?

Pues imaginaté, ganar en el Giro de Italia cuando has jugado a las chapas y siendo allí un ídolo al ser un escalador con las grandes montañas que hay…. Fue a continuación de esa Vuelta en la que hice sexto, las separaba una semana. Creo que fue la quinta etapa, Terni-Vasto, de 269 kilómetros, de esas que en el Giro salían una de cada cien en aquella época. Los primeros 150 Km se hicieron a una media de 50 Km/h persiguiéndonos, veinte por delante y otros que se habían quedado. Y ahí pensé en aprovechar la forma que tenía y ataqué muy lejos, a 80 Km de meta. Era muy llano al final y acababa en un alto, que me salvó porque ya me estaban cogiendo. Llegué a pie de Vasto con unos 40 segundos de ventaja y quedaba un kilómetro en subida, donde se les rompió el esquema a los velocistas y yo conseguí llegar con unos segundos a más de 45 Km/h de media. Ganar una etapa así en el Giro, con esa media, esa distancia y siendo todavía un chavalín, es algo inolvidable. De todas las etapas que he ganado en las grandes, la primera fue la más difícil.


“El ciclismo antes se vivía al día y no se planificaba demasiado”


En alguna ocasión, si no me equivoco, has comentado que te hubiera gustado llegar al Tour de Francia al 100%. ¿Qué ocurría para que esto no sucediera?

Pues que el ciclismo de antes se vivía al día y no se planificaba demasiado. Lo primero que teníamos los españoles era la Vuelta y luego lo que viniera. Coincidió que estuve cinco años en el Zor con patrocinador italiano e hice cinco Vueltas a España y cuatro Giros de Italia en mis primeros cinco años de profesional. Y seguidos, que eso es todavía más duro que el Tour, porque, realmente, no tienes descanso. Esa semana que viajas al Giro es casi peor, te rompe el ritmo y al final no te recuperas y acumulas otros 21 días de carrera. Entonces, claro, nunca he preparado el Giro, la Vuelta tampoco demasiado, porque, como le pasaba a Indurain, no sé si te afecta el polen o los cambios de temperatura. Un día hacía 30º y otro día nevaba cuando te metías en la montaña, y eso influye en el organismo, cada uno genéticamente es de una forma.

Llegué a correr las tres grandes en la ONCE dos años, en el 90 y en el 91, y al final, ¿qué preparas?, pues nada, vas por inercia. Me quedé con las ganas de hacer un Giro y un Tour, porque prefería correr dos grandes, y seguro que lo hubiera hecho bastante bienSigloXXI. En el 85, cuando me fui a Reynolds, José Miguel Echévarri me dijo que me olvidara de mis preparaciones, que no hiciera nada en invierno y que empezara despacito para ir al Tour. Sí que noté que fui muy bien en aquel Tour, pero no conocía esa carrera, ni pensaba que podía quedar entre los primeros. Fui escapado siete días, gané una etapa, me cogieron en otra a dos kilómetros, en otra a diez y, al final, como resultado, hice noveno y me llevé una etapa. Esa fue mi primera participación en el Tour. A mí nunca me han dicho como a Valverde, tú ni te muevas, a ver hasta dónde llegas. Bueno, estaba Hinault, al que no hubiera ganado, eso seguro (risas).

La verdad es que yo no corría para hacer la general y luego siempre quedaba bien después de hacer esos esfuerzos, de ir escapado muchos kilómetros. Por ejemplo, la etapa que gané en Aurillac fui 150 Km escapado, otro día en los Alpes, que me cogieron a 5 Km de meta, fui también más de 100 Km en fuga, y eso se paga. No es lo mismo ir a rueda todo el día y disputar las cronos que, como yo, los días claves no estaba porque a lo mejor me pillaba al día siguiente. Quedaba bastante delante pero no disputaba la general, no corría para ello.

Si tuvieses que elegir un triunfo de todos los que cosechaste, ¿cuál sería tu escogido?

No lo sé, todos son muy importantes. El que me hizo ver que podía ser un buen ciclista fue la primera de las dos veces que gané la Vuelta a Andalucía, en el 83, porque, claro, hasta que no tienes un triunfo más grande no te hace cambiar. A partir de ahí ya progresé mucho más. Luego, ya veterano, la volví a ganar en el 90.

Y por medio, estaban esas victorias que siempre consigues, como digo yo, a puro huevo, solo, escapado y en alta montaña del Giro y del Tour. Me quedo con todas. Yo nunca he ganado al sprint, ha tenido que ser en etapas de montaña y dejando a todos reventados y, encima, a dos puertos del final para que los líderes no se atrevieran a ir a por mí y, así, poder mantener esa diferencia. La única que gané al sprint fue una escapada de cinco en el Tour, la última que gané allí, en la que estaban LeMond, Breukink, Hampsten y Conti. Al final gané a Breukink por dos centímetros.


“A mí nunca me han dicho como a Valverde, tú ni te muevas, a ver hasta dónde llegas”


A pesar de que ya no eres deportista en activo, sigues muy vinculado al ciclismo. Tras pasar como comentarista por varias emisoras y como articulista por distintos medios, en la actualidad eres el director técnico de una de las revistas más importantes de este deporte, Ciclismo a Fondo, y comentarista en Eurosport. ¿Cómo se vive la competición desde el otro lado, desde el periodismo?

 

Yo, de mente, sigo siendo un ciclista, sigo pensando como ello y lo único que trato es de transmitirlo a los demás. Es decir, contar lo que está pasando en la carrera comentando las opciones que tiene un determinado ciclista, las opciones que puede tomar, qué es lo que está sintiendo… En cambio, la revista te da más tiempo para la reflexión, incluso hay un consultorio donde aconsejo a muchos cicloturistas, a juveniles, cadetes, etc. En la televisión es más directo, estás ahí como si fueras en la bici pero sin sufrir, siempre recordando y situándote sobre el asfalto sabiendo la dificultad que eso tiene. Sigo con ese planteamiento de hablar desde el punto de vista del ciclista y quiero transmitirlo de la mejor manera posible, para que lo entienda el que no es ciclista y el que sí lo sea. Es bonito ejercer de periodista con sentimientos de ciclista.

Y, además, sigo siendo ciclista. Monto en bici dos o tres veces a la semana si puedo, sobre todo ahora que tengo m29092009034enos cosas. También organizo muchos eventos que van dirigidos al cicloturismo. Por ejemplo, el circuito de MTB Actívate para iniciar a chicos, para que compartan el ciclismo el abuelo y el nieto, el padre y sus hijos, con los amigos… y, luego, los campus de ciclismo para gente que monta más, con charlas donde aprenden a entrenar, a alimentarse o lo que se necesita para mejorar. En ese sentido, sí que sigo muy vinculado porque me gusta hacer estas cosas y veo que la gente lo aprovecha y lo disfruta.

Hablando de los campus de ciclismo y del circuito de excursiones de MTB que organizas en la Comunidad de Madrid, ¿cómo se te ocurrió?

Lo he diseñado yo. Que yo sepa no hay muchos campus como los que hago, con una parte práctica, que es la que aporta más diversión y por la que va a venir gente que después se van a hacer amigos porque están disfrutando juntos de lo que más les gusta, y con una parte didáctica, más teórica, en la que se explica como mejorar en todos los sentidos, desde la técnica a la seguridad vial. Para que todos se diviertan los grupos se separan por niveles. Hay ocasiones en las que llegamos a hacer hasta cinco grupos, como en Moraira, al que acude mucha gente.

Se me ocurrió hacer los campus porque es tratar al cicloturista como a un profesional, con los mismos cuidados, con coche de apoyo, de avituallamiento, como si estuvieras entrenando en equipos profesionales. No les falta ningún detalle. En las charlas-coloquio ellos también te preguntan cómo colocarse en la bici, cómo se toman las medidas, qué posiciones son las correctas… Siempre ha estado vinculado a gente joven, pero hubo un momento que me di cuenta que podía haber una demanda muy importante de todos los que practican el ciclismo. Ya llevo catorce años haciéndolo y ha habido una evolución. Son cosas que he diseñado yo y hay gente que ahora lo hace igual, eso me enorgullece. Ahora me voy a México, que han visto por mi página (www.echozas.com) que organizo campus y vamos a hacer uno allí, donde no conozco el terreno pero sí de qué voy a hablar (risas).


“En
los campus que hago se trata al cicloturista como a un profesional”


Volviendo a tu labor en Ciclismo a Fondo, donde, además de responder a los lectores que te envían cartas, hacer pruebas y ofrecer tu o
pinión, también realizas entrevistas a personajes conocidos del ciclismo. José María García, Carlos Sastre, Javier Guillén, Víctor Cordero… ¿Cuál ha sido la entrevista más complicada?

Entrevista complicada hasta ahora no he tenido ninguna. Bueno, quizá la que hice al secretario de Estado para el Deporte (Jaime Lissavetzky), que era más institucional, aunque fue bastante accesible a través del gabinete de prensa. A los demás, pues son de mi medio, de mi entorno, como José María García, quien para mí ha sido un fenómeno. He estado diez años con él, viéndole trabajar, aprendiendo un periodismo que prácticamente ya no se hace. Revolucionó el periodismo deportivo, dando la sensación de directo, metiendo las emisoras en los coches, dando boletines de veinte minutos, enfrentándose a la demás programación. Ahora todo el mundo le echa de menos porque obligaba a esforzarse mucho a la competencia. Escuchabas ciclismo a todas horas, en todas las emisoras, en la televisión, en todos los sitios. En cambio, ahora ya no escuchas ciclismo por ninguna emisora, desgraciadamente, y en la televisión ves lo justo.29092009038

Para la Vuelta, creo que septiembre es un mes malo porque te incorporas al trabajo después de las vacaciones, empieza la Liga, y todo esto hace que parezca que la Vuelta a España no tiene el mismo seguimiento del español de la calle que tenía cuando se disputaba en primavera. Bien es verdad que, en el 90, había once equipos españoles y nos batíamos el cobre allí. Ahora casi no hay equipos españoles, está el Casse d´Epargne, el Fuji-Sevetto, que tiene muchos problemas, el Euskaltel-Euskadi, el Xacobeo Galicia, el Contentpolis y el Andalucia-CajaSur. Así que, imaginaté, once equipos españoles y con diez corredores que podían repartirse como líderes en diez equipos. No eramos ninguno como Alberto Contador, pero sí que dábamos juego. Eso tiraba mucho en aquella época. El ciclismo estaba muy sano en España y ahora ya no está tan bien, aunque tenemos los mejores ciclistas de la historia, con Contador, con Sastre, con Valverde, con Samuel, con Freire y con un montón que me dejo. Los resultados que se han conseguidos son históricos, lo ganamos todo.

¿Crees que es la mejor época de nuestra historia?

Sin duda, en cuanto a resultados es la mejor. Nos falta Miguel Indurain, con sus cinco Tours, pero Alberto Contador va en proyecto, que ya lleva dos, más un Giro y una Vuelta, y aún le queda mucha marcha. Ahora, carrera importante que corremos, carrera en la que siempre hay un español entre los mejores. En las grandes vueltas sobre todo, ahí sí que somos especialistas, siempre que va la “Armada Española” que se preparen los demás. Y en los Campeonatos del Mundo, como ya hemos visto en este último, España domina, aunque otra cosa es que se remate o no, pero domina.

 


“El ciclismo ya no está tan sano en España, aunque tenemos a los mejores ciclistas de la historia”


Al cabo del año pasas muchas horas delante del micrófono en Eurosport. ¿Qué tal te compenetras con tu compañero Antonio Alix?

Bien, ya son dos años y al final siempre te haces amigo. Creo que hay que ser a veces divertido y a veces tener, que tenemos, puntos de vista diferentes. Es importante tener confianza para gastar alguna broma, que de vez en cuando viene bien, porque con tantas horas hay ocasiones en las que uno ya no sabe ni de qué hablar. Y, bueno, con las entrevistas, algunas las planteo yo y otras Antonio, vas abriendo una tertulia y vas entreteniendo a la gente. El ciclismo tiene zonas donde no pasa nada durante muchos kilómetros y nosotros tenemos que enganchar a alguien. Y cómo le enganchas, pues con una conversación amena, con algún protagonista, es bonito. En Eurosport todo lo diseñamos nosotros, nadie te dice nada. Antonio y yo somos los que organizamos lo que queremos hacer.

Para finalizar, ¿cómo es tu relación con Pedro Delgado y Carlos de Andrés, la competencia?

Buena, cordial. Nosotros tenemos, en general, un público que controla más el ciclismo, mucho más técnico. El mismo público también se pasa en la publicidad a TVE y, en muchas ocasiones, también vuelEntrevista a Eduardo Chozasve a Eurosport. Ellos tienen un público generalista, los que nos escuchan a nosotros y los que no saben nada de ciclismo, ponen la televisión y es la cadena que ven. Eurosport está en cadenas de pago y, se supone, que el que paga por escucharnos nos exige un poco más (risas). Con la interactividad que tenemos en los foros y por correo, pues nos hacen preguntas muy difíciles y muy técnicas, deja ver que es un público específico, que controla el ciclismo y al que no le puedes meter gato por liebre (risas).

No hay rivalidad, somos amigos, yo me llevo muy bien con ellos. Por ejemplo, en la Vuelta a España cené con Pedro al coincidir en una cena de corredores de aquella época, de ese Moliner-Vereco, con Arroyo, Rodríguez Magro, Ángel Camarillo, Juan Fernández, Anselmo Fuerte, Juan Carlos González Salvador…

Entrevista publicada en el Diario Siglo XXI

Recuerda a… Eduardo Chozas – Diario Siglo XXI

Alvaro Calleja_peq Álvaro Calleja / Siglo XXI

Con sólo nombrar a Eduardo Chozas ya aparece por la memoria de cada aficionado al ciclismo esa imagen de aquel madrileño con pedalear elegante que escalaba los colosos más altos de Europa con una facilidad que cruzaba la línea de lo espectacular. Chozas formó parte de una de las generaciones más recordadas, con Pedro Delgado como máximo exponente, con el que, casualmente, comparte número de victorias en el Tour de Francia, cuatro, y labor en la actualidad, comentarista. Una generación de corredores que engancharon al espectador y le robaron muchas horas de sueño. En España desapareció la palabra siesta y descubrió a un joven que debutó en el campo profesional cuando tan sólo sumaba 19 años de edad y que pisó con fuerza desde su primera temporada, en la que cosechó dos grandes actuaciones, segundo en la Vuelta a Valencia y una etapa en la Vuelta a Alemania ante el legendario Bernard Hinault, lo que le sirvió para acudir al Mundial de Sallanches (Francia) de la mano de Ramón Mendiburu.SigloXXI

Allí, en Sallanches, una localidad cercana a alguna de las cumbres más conocidas de los Alpes, Eduardo, un chico que había apostado por el ciclismo a pesar de que por su cabeza algo le decía que iba a vivir mejor con sus padres, dueños de una frutería, tomó parte en uno de los mundiales más duros que se recuerdan. Fue el primer paso de lo que sería un largo y brillante camino. Su siguiente hazaña se produjo tres años después en el Giro de Italia, una carrera hecha y diseñada para un corredor como Chozas. La sexta etapa de aquella edición de la “corsa rosa”, con final en Vasto, coronó al por entonces componente del Zor de Javier Mínguez. Un 16 de mayo que fue testigo del triunfo que abriría el casillero en las grandes rondas de uno de los ciclistas españoles que más marca han dejado en el Giro. En esa misma edición, ocupó la octava posición de una clasificación general en la que su compañero Alberto Fernández, padre del ahora corredor del Xacobeo que lleva su mismo nombre, se coló en el tercer cajón del podio.

Pero antes de que eso ocurriera, unas semanas antes, en la Vuelta a España, la única grande que se le ha resistido, el madrileño firmó su mejor participación de las catorce en las que ha tomado la salida. Logró finalizar sexto en una carrera que tuvo a Hinault, el mismo al que había batido un año después de superar la mayoría de edad en Alemania, como vencedor. Una Vuelta que tenía a Chozas, junto a Perurena y Etxave, en lo más alto de la tabla de ediciones disputadas hasta que Iñigo Cuesta, actualmente en el Cervélo de Carlos Sastre, les superó.

Eduardo ChozasEse año fue el año que le impulsó y le hizo cambiar el chip, él también podía levantar los brazos en las pruebas más prestigiosas. Gran parte de culpa, como él mismo comenta en la entrevista que ha concedido a Siglo XXI, la tuvo su victoria en la Vuelta a Andalucía, en la que también sumó una etapa. Botín que se amplió con la Vuelta a La Rioja, que en 2009 ha pasado a ser de un sólo día, y con la Clásica de Sabiñáñigo, desaparecida desde 2001.

Dos años más tarde, en el 85, Eduardo vivió una de las tardes más bonitas de su carrera. Llegó su primer triunfo en el Tour de Francia. Aurillac fue testigo del vigesimoséptimo español que cruzaba en primera posición una etapa de la ronda gala. Aquel 14 de julio, en plena fiesta nacional, Chozas, ya en las filas del Reynolds y con el dorsal 42 a la espalda, completó otra de sus gestas en una edición que finalizó en el puesto noveno. Y, al año siguiente, volvió a protagonitar una nueva. El escenario, como no podía ser de otra manera, el más alto de la historia del Tour, el Col du Granon, de 2.413 metros. Allí batió a todos, a Zimmermann y a LeMond, a Cabrera y a “Perico”, a Bernard Hinault… nadie pudo con el bravo corredor español. Fue invencible. Como invencible volvió a ser el 23 de julio de 1987 enfundado en la equipación de su nuevo conjunto, el Teka, cuando repitió hazaña en un recorrido que llevaba al límite los corazones de aquellos héroes que mantenían cada día junto a la pantalla a medio mundo. Esa tarde, los aficionados vibraron con la exhibición de Eduardo Chozas en la Morzine tras ascender el Cormet de Roselend, el Col du Saisies, el Col du Aravis, La Colombière y el Joux-Plane. Puertos que guardan en cada curva gran parte de la historia de la Grande Boucle.

Un triunfo que le llevó hasta el Kelme, en el que estuvo un año y desde el que pasó a la ONCE, en la que permanecería desde el 89 al 91. Periodo en el que cosechó su cuarta etapa y la combatividad en el Tour de FranciRecuerda a Eduardo Chozasa de 1990. Cuarta etapa que llegó como en la del 85, un 14 de julio, con el 42 a la espalda y con Saint-Étienne cambiándola de situación, si en aquella ocasión fue salida, esta vez era la localidad de llegada. Meta en la que Chozas se impuso a sus compañeros de escapada por centímetros. Fue el mejor de un grupo formado por Breukink, Hampsten, Conti y LeMond. Y periodo en el que también venció en el Giro, en dos ocasiones. La primera, en el 90, con el Monte Vesubio como protagonista, el mismo donde este año Sastre se exhibió. La segunda, en el 91, con la cima de Sestriere como punto y final de una etapa en la que derrotó a corredores de la talla de Chiapucci, Lejarreta y Chioccioli, vencedor de aquella edición en la que Chozas terminó décimo.

Guión de uno de los últimos capítulos de su libro como ciclista. Libro que se cerró dos años más tarde cuando tenía 33 años. Momento en el que comenzó a escribir otro libro, del cual ya ha rellenado numerosas páginas. Tras dejar la competición, el madrileño ha ido creaEduardo Chozas 2ndo y participando en distintos proyectos. Formó el Enypesa, un equipo que desapareció en 2008, y comenzó su carrera como comentarista con José María García en la Cadena Cope, en la que permaneció desde 1994 hasta 2001. Onda Cero, Radio Marca, Radio Inter y RNE también han tenido a Eduardo Chozas delante de sus micrófonos. Así mismo, este experto en drogodependencias ha colaborado como articulista en El Mundo, AS, Pedalier y Sport Life. En la actualidad, es comentarista de Eurosport y director técnico de la revista Ciclismo a Fondo. Labores que compenetra con la de organizador de campus y del circuito de excursiones de MTB Actívate en la Comunidad de Madrid.

Reportaje publicado en el Diario Siglo XXI